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Segovia,
ubicada sobre el saliente que forman el río Eresma y su afluente el Clamores,
es como un barco cuya proa está configurada por el Alcázar. Su emplazamiento
privilegiado sobre la ancha llanura castellana, teniendo a su espalda la sierra
de Guadarrama, y su valor militar no pasaron desapercibidos a los romanos que
ocuparon el lugar.
Aquí construyeron esa maravilla de la técnica que es el Acueducto.
Con más de 850 metros de longitud, 128 arcos y 28,5 metros de altura
en su parte exenta, fue construido siendo emperador Domiciano en el año 98.
Debía traer el agua a la ciudad desde el lugar llamado Fuenfría y del
arroyo Acebeda.
Para levantar este prodigio de la ingeniería se emplearon sillares de piedra berroqueña
colocados sin argamasa.
Su imagen airosa sobre la plaza de Azoguejo, que cruza, es un símbolo internacional de la
propaganda turística española.
Sobre el pilar que marca el eje se ha colocado una Virgen del Carmen, dentro de una
hornacina original, destinada seguramente a un dios pagano.
Ha sido testigo mudo del paso de las culturas visigoda, musulmana y judía,
de las que ya no quedan muchos restos en la ciudad.
La disposición actual de Segovia es heredera de la establecida a raíz de su
conquista en el reinado de Alfonso VI, que la concedió fuero propio.
Progresó por la protección de Juan II, Enrique IV e Isabel la Católica,
que fue coronada reina de Castilla (1474) en el atrio de la iglesia de San
Miguel, situada en la plaza Mayor y reconstruida en el siglo XVI, todavía
en estilo gótico.
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